domingo, 14 de marzo de 2010

4º Domingo de Cuaresma: El hijo Pródigo



Esta parábola, nos presenta la realidad de dos hijos. El corazón de cada uno de nosotros, tiene mucho en común con esas dos realidades: una parte de nosotros en búsqueda, con ganas de probarlo todo, de saberlo todo, de tenerlo todo, de dirigir nuestra propia vida... Es esa parte que busca, que se equivoca, que se pierde, que se va de casa, que se encuentra, que retorna con una nueva decisión al lugar de donde no debería haber salido: el corazón del Padre.
Otra parte de nosotros que opta por quedarse sin hacer nada, sin pensar nada, sin crear nada, simplemente “cumpliendo” con todos los preceptos y normas que nos dan seguridad y que van
acabando con el amor. Para llegar a una vida de rutina, de abuso de la gracia, de derechos adquiridos, de privilegios… (el hijo mayor).
Lo terrible de la parábola es el corazón de piedra del hijo mayor… ¿Mi corazón?
Lo grandioso de esta parábola es el corazón amoroso del Padre-Madre que es nuestro Dios. Acoge a los dos: al que se fue y regresó y al que no se ha ido nunca pero no sabe acoger al otro…
Nos prepara para abrir nuestro corazón de par en par al otro… al necesitado, al diferente, al que llega, sin juzgar, con inmenso amor. Así es nuestro Dios.

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